Giglamesh, dos tercios dios, dos tercios hombre, rey de Erech, era un tirano y un opresor, por lo que sus súbitos decidieron pedir ayuda a los dioses. Éstos crearon a Enkidu, un hombre salvaje que rozaba la bestialidad. Después de acostarse con una mujer, desaparecieron sus rasgos bestiales y se hizo un hueco en la civilización. Tras batirse con Giglamesh y perder, lo reconoció como soberano. Enkidu y Giglamesh se convirtieron en grandes amigos y juntos vivieron numerosas aventuras.
Un día, cuando regresaban a Uruk después de haber matado a Humababa (una bestia que guardaba los bosques), se cruzaron con la diosa Ishtar (caprichosa deidad con una fuerte una gran dualidad y características tanto masculinas (violencia, venganza, caos, guerra) como femeninas (fertilidad, amor, sexualidad) ), quien le declaró su amor y le ofreció a Giglamesh ser su consorte. Él la rechaza y ella, colérica, envió al "Toro de los Cielos" para acabar con Giglamesh, pero Enkidu y él lograron matarlo.
Como consecuencia, los dioses resolvieron que Enkidu debía morir por sus acciones (matar a Humababa y al Toro de los Cielos) Al ver a su amigo muerto, Giglamesh se dio cuenta de que ni siquiera él podía escapar de la muerte, así que decidió encontrar la forma de volverse inmortal. Visitó a Utnapishtim, el único hombre que que había logrado la inmortalidad, quien le habló una
la planta que crecía en lo más profundo del mar y que contenía el don
que Giglamesh tanto ansiaba. Después de jornadas de búsqueda, la
encontró, pero, en un momento de descuido, una serpiente la devoró.


.jpg)




